Clínica de Fisioterapia Coronadas

Fisioterapeuta en Aguilar de la Frontera.

Esguinces de tobillo ¡Cuidado runners!

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Buenas tardes, debido al caso de una amiga que está a tope convirtiéndose en una excelente runner y a su caso he decidido compartir un buen artículo que he consultado en este enlace y que os resumo un poco: http://www.runners.es/nutricion-salud/lesiones/articulo/esguince-tobillo

El esguince de tobillo es una de las lesiones más frecuentes en las consultas de Traumatología y Urgencias y puede resultar limitante y difícil de recuperar íntegramente si no se toman unas medidas adecuadas de choque y, tras el tratamiento, de prevención. Cabe decir que una clasificación precisa, según el tipo y grado del esguince, va a posibilitar un mayor acierto en el tratamiento. Por tanto, un diagnóstico correcto es de suma importancia para saber a qué atenernos. No es lo mismo una distensión de ligamentos que un esguince propiamente dicho, donde la torcedura lleva asociada, además de la distensión citada, una distorsión ósea cuya principal consecuencia es la disminución de la movilidad del astrágalo al haber sido llevado más allá de los límites fisiológicos.
Cuando hemos sufrido una fuerte torcedura, los ligamentos tratan de amortiguar el impacto, pero puede que sean cizallados en exceso y no puedan frenar al hueso (a veces incluso se rompen en el intento; sería un esguince de “tercer grado”). Éste, que suele ser el astrágalo, queda muy desplazado y, cuando el pie recupera la posición inicial tras la torcedura, no acompaña al pie en todo su movimiento, queda “fijado”. Un astrágalo fijado, aunque ya no tengamos inflamación ni dolor o molestias, indica que el tobillo no está bien recuperado, pues su hueso principal en el juego articular no está totalmente repuesto.
Esta situación, que pasaría inadvertida en personas sedentarias hasta que sufrieran una torcedura fuerte, es crucial para alguien que cae con impacto diez o quince mil veces sobre su tobillo, como sucede en el atleta corredor de fondo. ¡Ojo compañeros porque el esguince mal tratado puede pasar inadvertido en personas sedentarias pero no para corredores! Nuevamente, el deporte de competición nos enseña una forma eficaz (y fácilmente extrapolable al resto de la población) de recuperar mejor las lesiones.
En cuanto a los ligamentos laterales tienen una doble misión: La primera es puramente mecánica, sujetar al tobillo, pero la segunda es “propioceptiva” (informan al Sistema Nervioso de nuestra situación postural y de si ésta es la más adecuada para caminar o sostenernos de pie o realizar un determinado gesto o postura); La propiocepción es un paso funcamental en la recuperación y a veces se nos pasa de largo! los receptores estimulados por la excesiva tensión del ligamento son los responsables de la “inseguridad” secundaria a la torcedura. En un esguince, los ligamentos son solicitados en exceso y esto lo detectan los receptores propioceptivos, que mandan rápidamente la orden al Sistema Nervioso. Éste responde impidiendo que el tobillo siga cayendo hacia fuera (así evita la rotura de huesos y ligamentos).
Como consecuencia, toda la articulación, que reconoce esta orden, reacciona y termina volcando el tobillo al otro lado gracias a un movimiento paradójico del astrágalo. Esto sucede en milésimas de segundo y evita males mayores. Pero a los pocos minutos comenzará a fraguarse una inflamación que se podrá observar horas después a modo de hinchazón (una especie de “huevo de gallina” en el exterior del pie) y empezará a doler hasta impedir el apoyo en el suelo y, momentos más tarde, los movimientos simples en el aire sin apoyo.

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Tratando una simple distensión:
Cuando hemos solicitado un esfuerzo extra a nuestros ligamentos laterales o anteriores del tobillo, la consecuencia inmediata es la hinchazón y el dolor. De suceder esto, hasta en las torceduras más pequeñas que se hinchen, debemos poner hielo a discreción, los tres primeros días. El pie debe permanecer elevado y en reposo, las veinticuatro primeras horas, al menos. Se aconseja un vendaje funcional, para movernos esos primeros días. Así pues hielo, compresión, elevación y reposo funcional, es lo más aconsejado al principio. Conviene revisar la articulación por si la lesión fuese de gravedad (el paciente no podría apoyar el pie, dolería mucho y referiría haber oído un chasquido cuando se lesionó) y descartar un fractura ósea, ya sea en urgencias o en días posteriores, en la revisión por el especialista.
Pasada la primera semana la hinchazón habrá bajado y podremos iniciar la marcha, con el vendaje funcional o “taping” y mucha precaución. Varios días después comenzaremos suavemente con los ejercicios propioceptivos de equilibrio y de movilidad indolora. Así prevenimos recaídas, que no son infrecuentes en tobillos laxos o incorrectamente recuperados tras una distensión o esguince ¡De ello la importancia de un buen tratamiento a tiempo!. Al cabo de dos semanas se debe revisar la articulación e incluso aplicar masaje evacuatorio para la hinchazón y desfibrosante para evitar las posibles adherencias y encallecimiento de los tendones y músculos.

Tratando una torcedura con esguince:
Además de una distensión de ligamentos, el esguince propiamente dicho presenta, como hemos explicado, un desplazamiento del hueso astrágalo u otro cercano. En este caso, el tratamiento será idéntico al de la distensión ligamentosa: hasta el tercer día con hielo y reposo, junto AINES su toma oral, elevación y vendaje funcional. Pero, a partir del cuarto y quinto días tenemos que realiza un tratamiento “menos conservador”, más activo, con trabajo manual articular para ayudar a bombear el derrame, con pequeñas tracciones y decoaptaciones indoloras junto a una manipulación articular específica (si ya procede y no hay contraindicaciones clínicas o técnicas para esta terapia manual tan específica) del hueso desplazado, con lo que la cápsula articular iniciará su recuperación en mejores condiciones, con sus extremos óseos congruentes y no desplazados, resolviendo la subluxación o distorsión articular consustancial a todo esguince.

. La fase de cinesiterapia se inicia a partir del octavo día y se aplicará de forma pasiva (somos nosotros quien realizamos los movimientos al paciente sin su colaboración) para realizar desde el día once o doce una cinesiterapia “activa asistida” para realizar la flexoextensión, las rotaciones externa e interna y las lateralizaciones externa e interna.
La fase final, desde las dos semanas, incluye los ejercicios manuales resistidos (aún es pronto para las pesas, es más adecuado que les resistamos de forma controlada nosotros). Pero hay unos ejercicios muy aconsejables desde el 10º día, siempre que pueda apoyar en el suelo, que son los propioceptivos o de equilibrio en distintas posiciones del pie y en distintas superficies. Si cualquiera de estos ejercicios supone mayor dolor o inflamación acusada durante la sesión o al finalizarla se suspenden temporalmente y se prueban en días posteriores.

En fin, se puede matizar el tratamiento inicial de múltiples maneras pero lo que conviene recordar siempre que nos enfrentemos a la recuperación ideal de cualquier esguince es que es crucial enfocar las fases finales a la prevención y así evitaremos las temidas recidivas.

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Autor: lobudy7

Fisioterapeuta. Máster en Biomecánica Aplicada a la Valoración del Daños Corporal y Terapias Avanzadas. Terapia Manual. Mulligan. Punción Seca. Vendaje. Fisioterapia en geriatría y clínica. Socia de Fisioterapia Sin Red. Nº Colegiado 4533.

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